El campo de golf es la mejor sala de reuniones que existe
Crecí compitiendo en torneos nacionales de golf en Guatemala. Lo que aprendí en el campo lleva años apareciendo en cómo negocio, cómo evalúo a las personas y có
Santiago Gómez

El campo de golf es la mejor sala de reuniones que existe
Crecí jugando golf en Guatemala. Desde los 10 años, torneos de la gira juvenil, competencias nacionales, categoría A. Gané algunos. Perdí otros que debería haber ganado. Aprendí más en los que perdí.
Lo que no sabía entonces es que todo ese tiempo en el campo me estaba enseñando algo que no aparece en ningún libro de negocios.
Por qué el golf y los negocios llevan décadas juntos
No es casualidad que el golf sea el deporte favorito de los ejecutivos, los fundadores y la gente que toma decisiones importantes. Hay una razón concreta y tiene poco que ver con el estatus o la ropa cara.
Una ronda de 18 hoyos son entre tres y cuatro horas caminando con alguien. Sin sala de reuniones, sin agenda, sin PowerPoint. Solo tú, la otra persona, y 18 oportunidades de ver cómo se comporta cuando las cosas no salen como esperaba.
¿Cómo reacciona cuando manda la bola al agua en el hoyo 5? ¿Se frustra y lo arrastra el resto de la ronda, o lo deja ir y sigue? ¿Celebra tus buenos golpes o solo habla de los suyos? ¿Hace trampas en el score cuando cree que no miras?
Esas cuatro horas te dicen más de una persona que diez reuniones formales juntas.
Lo que aprendí compitiendo en Guatemala
Jugué torneos nacionales desde joven. La gira juvenil tiene un nivel serio, y competir ahí te forma de una manera que los torneos casuales no pueden. Cuando hay un trofeo en juego y llevas semanas preparándote, el campo se convierte en un ambiente de presión real.
Una cosa que aprendí compitiendo es que el golf premia la consistencia por encima del talento puntual. Puedes tener el golpe más bonito del torneo en el hoyo 3 y terminar fuera del top 10 si te desmoronas en los últimos cuatro hoyos. El jugador que gana casi nunca es el que hizo el golpe más espectacular sino el que cometió menos errores en los momentos que importaban.
En los negocios es exactamente igual. El founder que más ruido hace en Twitter no siempre es el que construye algo que dura. La empresa que gana suele ser la que mantiene la cabeza fría cuando el mercado se pone difícil, la que no entra en pánico cuando un competidor lanza algo nuevo, la que sigue ejecutando cuando todo parece ir en contra.
La consistencia bajo presión es una habilidad. Y el golf es uno de los pocos sitios donde puedes entrenarla de verdad.
Negocios que se cierran en el hoyo 12
Hay una conversación que pasa en el golf que no puede pasar en ningún otro sitio.
En una reunión formal, la gente llega preparada. Tiene sus respuestas, sus objeciones, su postura negociadora. Todo está filtrado. En el campo, después de dos horas caminando y con el juego de por medio, esos filtros bajan. La gente habla de lo que realmente le preocupa, de lo que quiere construir, de los problemas que no mencionaría en una sala de reuniones.
He visto esto muchas veces. Una conversación que en un contexto formal habría tardado meses en llegar a algo concreto, en el campo llega sola, sin forzarla, porque el ambiente lo permite.
No es manipulación ni estrategia. Es que el golf crea las condiciones para que la gente sea más ella misma. Y cuando la gente es más ella misma, los acuerdos que salen son más sólidos porque están basados en lo que realmente piensan, no en lo que les pareció correcto decir.
La etiqueta que nadie te explica pero todos notan
El golf tiene un código de comportamiento que se aprende jugando, no leyéndolo. Cómo te comportas cuando tu bola aterriza en una mala posición. Si cuidas el campo o lo dejas peor de como estaba. Si respetas el ritmo de juego de los demás o haces esperar a todos.
Lo interesante es que ese código funciona como un filtro natural. La gente que no lo respeta en el campo, normalmente tampoco lo respeta en los negocios. No siempre, pero con una frecuencia suficiente como para tomárselo en serio.
Cuando jugaba torneos en Guatemala, había jugadores con un nivel técnico muy bueno pero con los que nadie quería hacer una ronda amistosa. Y había otros con un handicap peor pero con los que el juego siempre era una buena experiencia. Con los años entendí que esa distinción no era sobre golf.
Por qué vale la pena aprenderlo aunque no seas golfista
No todo el mundo tiene que jugar al golf. Pero si estás construyendo algo, si tienes que relacionarte con clientes, inversores o socios, entender el idioma del golf tiene valor aunque no salgas al campo cada semana.
Saber proponer una ronda sin que parezca forzado. Conocer el ritmo básico de juego para no hacer el ridículo la primera vez que alguien te invite. Entender que en el golf no se habla de negocios en los primeros hoyos, que eso llega solo si el ambiente lo permite.
Son cosas pequeñas que marcan la diferencia cuando el contexto lo pide. Y en ciertos sectores y ciertos mercados, el contexto lo pide más de lo que parece.
Llevo años sin competir a nivel serio. Pero cada vez que salgo al campo, aunque sea para disfrutarlo, me recuerda por qué ese deporte forma a la gente de una manera particular.
Hay deportes que te enseñan a ganar. El golf te enseña a perder bien, a mantener la compostura cuando nada sale como querías, y a seguir jugando con la misma actitud en el hoyo 18 que en el hoyo 1.
Para los negocios, no conozco mejor entrenamiento.
Nos leemos.
Santi
Si te interesa el golf desde adentro, con menos técnica y más conversación real, estoy subiendo cosas con un amigo en @par_de_pares7.
